Discos

Disco Destacado: “Madeja” de Gisela Magri

Gisela Magri: voz, producción / Tincho Acosta: voz, guitarra, producción / Eugenio Masa: piano, bajo, coros / Gonzalo Alfonso: cavaquinho, guitarra, coros / Andres García: contrabajo / Ramiro Gonzalo: percusiones, coros / Mauricio Mentasti: percusiones.

 

En Volver Ni A Palos conocemos este disco de Gisela Magri desde abril de este año y nos enamoramos enseguida de todas y cada una de sus trece canciones y casi 43 minutos de duración. Gisela Magri editó antes de este disco un larga duración llamado “Glicina Oscura, tango y samba enredados” en el año 2012 y en él recurre al mismo método de “Madeja”, el disco que destacamos: canciones que se entremezclan dando un cruce de estilos para dar pie a un tercer estilo. Si en el primer disco privilegiaba la música brasileña, en este el tango también tiene un lugar primordial. A los autores brasileños versionados de manera prolija (Teresa Cristina y Pedro Amorim en “Lavoura”, y Vitor Ramil en “Milonga da siete ciudades”), se le suman cinco compositores tangueros.

La versión de “Viento solo” de Alfredo Tape Rubín, y que cuenta con la participación del compositor, podría incluirse entre una de las mejores versiones de tangos del Tape. También encontramos y disfrutamos del “Candombe para el que hasta ayer reía” del Tata Cedrón y Luis Alposta, “Negra María” de Manzi y Demare, o “Este Quore” de Melingo y Centeya, que el ex integrante de Los Abuelos de la Nada versionó en “Tangos Bajos” de 1999.

Los cruces de estilos se ven unidos bajo un lema común en la magnifica “Sentimiento gaucho y villero”, un medley de “Sentimiento gaucho” de Canaro, Canaro y Caruso, más “Sentimiento villero”, de Los Pibes Chorros, y que está acompañado de la voz de Pablo Lima de Agua Sucia y los Mareados. Hay dos canciones que se consagran como las mejores del disco: “Reunión de Amor” de Matías Mormandi, y “Fina Ropa Blanca” de Luis Alberto Spinetta que incluye un exquisito arreglo vocal.

La madeja a la que hace mención el disco, creemos, es el hilo común que guía permanentemente al disco, y esa madeja es la voz de Gisela Magri, que sin estridencias logra alcanzar momentos inolvidables para el oyente.

Una y otra vez, una y otra vez, tirar del hilo para poder unir, y no para dividir…

 

 

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Disco Destacado: “El ciclo del colmillo”, de La Torivia

(La Torivia: Martín Schober: voz bandoneón composiciones / Sofía Buffa: clarinete / Luis Ramírez: violín / Diego Larripa: Cello / Daniela Augurio: contrabajo / Javier Fourcade: batería y percusiones)

 

¿Y si no queda otro refugio que la poesía y la música para decir lo que pasa? ¿Y si se da el caso que no nos escuchan con gritos, podemos hacerlo con susurros? Debemos promover ese tipo de búsquedas que quizás sean las únicas que nos quedan. Para eso debemos escarbar, desde ya, ensuciarnos los dedos, caminar hasta que la suela se nos haga piel, llorar, pero convencidos. En gran medida, “El ciclo del colmillo”, disco editado por La Torivia plantea que hay que salir para encontrarnos. Los recursos poéticos y musicales que la banda liderada por Martín Schober propone son realmente interesantes porque escapan al encasillamiento de si-es-tango-o-si-es-rock. No importa. De hecho, mientras las cosas menos se encasillen, mejor.

Once canciones que en 46 minutos proponen una poética compleja pero que no cede a lo críptico. Once canciones que en 46 minutos presentan una música compleja pero nada aburrida, bien ejecutada y sin estridencias. Cuando en su momento escuchamos el disco nos costaba encontrar algún paralelo en la escena actual del tango o mismo alguna referencia literaria en sus letras. No es menor esta búsqueda porque demuestra que el sonido de La Torivia ha encontrado un estilo. Su atípica formación (bandoneón, clarinete, violín, cello, contrabajo, percusiones) le da un timbre especial a cada una de las canciones.

Las letras, fuertemente trabajadas, pueden seguir un curso conceptual a medida que van pasando pero que no la hacen parte de una obra necesariamente general. Cada canción es una historia o una crítica o una remembranza o lo que sea pero que se enmarca en el disco de manera sutil. “Cuantas palabras / tendré que buscar / con los sonidos / de mi soledad / se ve que el río / se puso a dormir / antes que yo pueda hallar / o callar una verdad“, canta Schober en “Se puso“.

La crítica social o a las individualismos que genera la sociedad se puede encontrar en varias canciones. Esas se pueden encontrar en “Vuelta carnero“, acaso el mejor tema del disco (“mugre en la promesa / es el traje a ponerse a andar / rara vez se limpió / del miedo y la calma“), en “Reflejo” (“soy un triste imitador que despliega el engaño y lo hago condición / libre de emoción desconozco de la tierra y defiendo mi ambición / hice asunto empresarial de cada sitio del paisaje“), y en el recitado de “El ciclo del colmillo” (“morder, clavar, hundir el cuerpo entero donde pueda, conectando directamente con el instinto inicial“).

Recomendamos escuchar este disco si es que tenés ganas de encontrar un sonido y una poética especial, si tenés ganas de escuchar y si no querés encasillarte en una palabra.

Disco Destacado: La Martino Orquesta Típica

Tapa

 

Una agradable noticia del año 2016 fue la salida de este hermoso disco de 50 minutos de auténtico nuevo tango argentino interpretado por la novel La Martino Orquesta Típica. Prolijamente tocado, prolijamente escrito y prolijamente dividido (6 tangos instrumentales, 6 tangos cantados) este disco está cargado del necesario futuro que el  tango nuestro de cada día necesita: buenas letras y linda música.

Las 6 composiciones instrumentales (todas de su pianista y director Nehuen Martino) se rigen por una fuerza que se distingue de manera ejemplar. Su sonido es fuerte, apto para escuchar a todo volumen pero que también incluye pasajes lentos de una sutil riqueza musical. Esa diversidad de sonidos hace al disco rico en su variedad. Lejos de ubicarse en un solo plano, el eco de otros países se nota: Rusia, el tema que abre el disco, evoca evidentemente a las estepas y Aflicciones está cargada de melancolía (luego supimos que este tema fue escrito a raíz de los incendios forestales que se desataron intencionalmente en Lago Puelo y Cholila en el 2015).

Las letras también son destacables: cada una tiene su riqueza individual, pero también se separan por su temática. Las letras escritas por Mariano Pini hablan de la nostalgia, de lo que fue, del dolor que sigue golpeando. En Pan de mi locura, dice “¡Qué triste recorrer las cosas muertas! / sentarse en las costillas del olvido / comer del corazón de lo que fuimos / tatuarse los zarpazos de un adios”. Y semejante melancolía encontramos en Boca de vino: “Me crece en la garganta la hiel de su tridente / me acusa por las noches el dilema de quien fue / mi lengua vive alerta, recuerda sus rompientes, / su trueno de orto muerto, su viejo folletín”.

Las letras de Daniel Olivera en cambio, hablan del destino, de lo que somos o de lo que podemos ser siempre y cuando el destino se empecina en dejarnos en esta tierra: “Nacieron gaviotas de mi espalda nueva / se fueron solitas donde no se vuelve / mordí las cenizas del sol de su fiebre / me quemó su lengua, su voz de final” dice Puerto de Orígen. El destino es interrogado en ¿Adonde va? cuando dice: “¿Adónde va la tinta de este tango / que grita mi amasijo en cada esquina? / ¿Adónde va el intento de mis manos / de hacer un nuevo verso de mis ruinas?”.

Las voces de los cantores estables de la Orquesta, Nicolás Abosky y Nazarena Anahí Cáceres, agregan un notable color a la música del disco.

Un disco para ir y volver, como la nostalgia y como el destino. Tan necesarios. Tan importantes.